Amanda Figueras | El Mundo. jueves 19/11/2009

Una veintena de eurodiputadas se han concentrado el miércoles ante la sede del Consejo de la Unión Europea en Bruselas para pedir la equidad en el seno de las instituciones de la UE.

Las denuncias de las eurodiputadas -quienes se presentaron con corbata y curriculum en mano delante del Consejo- se unen a las de una diversidad de figuras de la UE que han reclamado la necesidad de que más mujeres figuren como candidatas ‘serias’ a los grandes puestos y a la Comisión.

Entre aquellos que se oponen a la actual composición desigual de la Comisión figura un grupo de blogueros que exigen condiciones mayor presencia femenina entre los altos cargos. Han lanzado su lucha a través de Internet, en genderbanlancedcommission y le crecen los adeptos por Facebook y Twitter. Según cuentan en ella, la idea surgió durante una cena en Bruselas en la que Jon Worth y Maria Weimer decidieron ponerse manos a la obra para hacer valer su mensaje:

“Creemos en el equilibrio de género. Tanto los hombres como las mujeres deben estar representadas en los órganos políticos. Sobre todo en uno de los más importantes de la Unión Europea, la Comisión, que representan a 500 millones de ciudadanos europeos. ¡Para este desafío proponemos una comisión de 26 mujeres competentes!”, explican.

Malas perspectivas

Cada cinco años es elegido un nuevo equipo de comisarios europeos, normalmente, con el acuerdo de los gobiernos nacionales. El presidente del organismo, José Manuel Durão Barroso, presenta el grupo una vez que lo ha pactado con los Estados Miembros y los eurodiputados lo aprueba o lo rechazan. La última vez fue en 2004, cuando se nombró a ocho mujeres. “Esta vez parece que la igualdad de géneros va a ser mucho peor aún”, advierten desde la plataforma en la Red.

En este sentido, este martes se ha lanzado la primera amenaza: un grupo de eurodiputadas de los principales grupos del Parlamento Europeo dice que vetarán la nueva Comisión Europea para el periodo 2009-2014 si no se mantiene, al menos, el número actual de ocho mujeres en el órgano ejecutivo. Por el momento, de los países que ya han dado a conocer sus ‘ofertas’ para ocupar puestos en la Comisión, sólo tres son mujeres.

Barroso se une a la petición

Además, defendieron la presencia de mujeres entre los nuevos altos cargos que los líderes de la Unión Europea se disponen a elegir. Según lo previsto, el próximo jueves 19 de noviembre. El propio Barroso expresó su malestar por las pocas candidatas hasta el momento: “No puede ser que tengamos sólo una o tres mujeres y todavía estoy peleando para tener la nominación de mujeres competentes”, dijo la semana pasada.

En la página web han reunido a las políticas que por su valía, conocimientos y competencias podrían ser candidatas, y piden ayuda para seguir confeccionando su agenda. Exigen que al menos un tercio, sean mujeres. De España proponen a la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Destacan que ha sido la primer mujer en ocupar tal cargo y que la política ‘senior’. Las áreas para las que la proponen: Relaciones Institucionales y Estrategia de Comunicación.

“Si esta campaña va en serio y el Parlamento Europeo tiene el valor de no aprobar la nueva Comisión, Barroso va a tener que volver a los Estados miembros y pedir alternativas“, dicen en la página web. No sería la primera vez que la Eurocámara no da su visto bueno. En la pasada legislatura, votaron en contra de la propuesta de Barroso porque el italiano Rocco Buttiglione era presentado como comisario de Justicia, Libertad y Seguridad. Finalmente, el italiano fue apartado de la lista por las críticas que levantaron sus declaraciones sobre la homosexualidad y el matrimonio.

Mientras el sitio en Internet se extiende, en la calle, las eurodiputadas se concentrarán este miércoles ante la sede del Consejo de la Unión Europea en Bruselas para pedir la equidad en el seno de las instituciones de la UE.

Tribuna: Enrique Lynch. El País 19/11/2009

Por la ventanilla del metro de Barcelona alcanzo a ver una valla concebida por el Ministerio de la Igualdad, creado por el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero. En primer plano, una mujer joven y atractiva llamada Angie Cepeda luce unos preciosos pendientes de plata. Su mirada es diáfana y la complementa con una sonrisa displicente, quizá un punto altanera. El lema de la valla reza: “De todos los hombres que haya en mi vida ninguno será más que yo”.

En un primer momento esta consigna cargada de insinuaciones y connotaciones -cosa lógica, si no, no sería tal- despierta mi alarma. Primero, parece afirmar que una mujer española contemporánea tiene (mejor dicho, el eslogan implica que ha de tener) muchos hombres; o da por sentado que ya los ha tenido, afirmación que, cuando menos, resulta discutible. Segundo, la redacción adultera un cliché, puesto que lo normal sería dar la sintaxis en pasado. Según los principios igualitaristas lo correcto habría sido: “De todos los hombres que hubo en mi vida ninguno fue más que yo”.

Redactada así, la afirmación habría sido consistente y hasta neutral pero, claro, no serviría al anhelo de revancha, que parece inevitable en cualquier referencia actual a la condición femenina. Por curiosidad busco en Internet la campaña y compruebo que el eslogan en boca de hombres no sugiere lo mismo. O sea que hay evidentes matices “de género”. ¿Qué es lo que resulta chocante aquí? Que parece jalear la guerra de sexos, como desde hace décadas hace el feminismo mal encarado, según la pauta de lo que Nietzsche llamaba “moral de la víctima”. He ahí la razón de mi alarma: la sola presunción de que un hombre pretenda ser más que una mujer; o que una mujer se declare superior a un hombre, es lo que este ministerio debería combatir sin dar lugar a equívocos.

Incurrir en feminismos implícitos de cualquier índole es una contradicción flagrante de la función para la que este Gobierno concibió el Ministerio de la Igualdad. Ninguna repartición pública debería alentar subrepticiamente a las mujeres a ser más que los hombres y, en este caso, parece claro que la consigna no sugiere la igualdad de los sexos sino que viene a recomendar que “ningún hombre ha de ser más que una mujer”; pero, como en semejante jerarquía elemental si no “eres más” necesariamente “eres menos”, las mujeres no tienen más remedio que pensar que Angie Cepeda, erigida en portavoz del Ministerio de la Igualdad, les aconseja imponerse a sus futuros hombres.

Ahora bien, las aberraciones de esta valla no son sólo sintácticas o connotativas o adverbiales. Se supone que estimula a las mujeres a no dejarse avasallar por sus hombres, pero lo que en verdad hace es recordar aquella escena memorable con que comienza la película Magnolia, en la que un espléndido Tom Cruise interpreta a un conferenciante que dicta lecciones llenas de entusiasmo y beligerancia ante un auditorio de “machos humillados” y los arenga con un:“Respect the cock!”. O sea: “¡Un respeto por la polla!”, que Cruise clama delante del enfebrecido grupo de hombrones que aplaude y vitorea todas y cada una de sus ocurrencias machistas.

No recuerdo mejor parodia y merecida trivialización del feminismo de revancha, realizada por un procedimiento muy simple: poner en boca de los odiados machistas los argumentos más tontos de las feministas.

El revanchismo “de género” es lo que ahora se airea y se difunde por innumerables medios públicos y privados y que, en un país vergonzantemente árabe y misógino como es España, no sólo bastardiza una cuestión -la relación entre hombres y mujeres- que es de una enorme complejidad, sino que subsidiariamente no ha hecho sino aumentar de forma alarmante la tasa anual de actos de violencia machista al lanzar a las mujeres al choque con machos ignorantes y brutales, hombres que -nunca olvidemos esto- han sido gestados, amamantados, criados y formados por mujeres. Bestias educadas por féminas, bárbaros que, más tarde o más temprano, caerán sobre ellas de forma implacable.

(Pongo “género” deliberadamente entre comillas porque después de leer lo que observa V.O. Quine a propósito del concepto en su Quiddities: An Intermitently Philosophical Dictionary [Cambridge, Mass.; Harvard University Press, 1989] no me atrevo a usar ese término sin las debidas reservas lógicas y de vocabulario).

El revanchismo “de género” (o sea, el resentimiento femenino) es un mal que se extiende imparable por todas partes. En el cine, por ejemplo, hace tiempo que está implantado: ¿qué otra cosa si no explica el éxito de aquella parábola semipublicitaria -como el resto de la filmografía de Ridley Scott- que fue Thelma y Louise?

Pero donde ese carácter resentido es más claro y elocuente es en las letras y en los videoclips de las canciones populares actuales. En este contexto el contraste con los antiguos modelos “de género” es harto evidente. Antaño, ante una ruptura o un desengaño los hombres solían -y aún suelen- llorar el amor fracasado, se emborrachaban para mitigar sus penas, se autocastigaban y se autodenigraban por sus faltas, su estupidez o su deslealtad y cantaban en tono elegiaco por la hembra perdida. Así ocurre en los tangos, en los boleros y las rancheras y en las conmovedoras canciones de Frank Sinatra o Billie Holliday.

Sin embargo, ante circunstancias parecidas, las mujeres actuales, que tan a menudo se identifican con una masculinidad imaginaria, no emulan la melancolía de los hombres sino que se calzan unas botas de caña alta, se atizan un atuendo de perdularia al estilo Madonna o un traje de leopardo y se retratan basureando sin piedad a potenciales amantes o pretendientes. Ni lloran ni piden perdón.

Hay ejemplos significativos en algunos videoclips de la frondosa discografía popular contemporánea: Shania Twain en That don’t impress me much, en pose de femme fatale, toda ella leopardo; Shakira, en una canción titulada significativamente La tortura, donde despacha las excusas del golfo Alejandro Sanz con un A otro perro con ese hueso; y en una tonadilla pegadiza de Julieta Venegas: Me voy…, donde la mexicana arroja a su ex enamorado al vacío mientras levanta vuelo en un globo y tararea en tono angelical: “Qué lástima, pero adiós, me despido de ti y me voy…”.

¿Tienes problemas con tu hombre? Escupe sobre él, maldice sus muertos, cámbialo ya mismo por otro, acaba con él; y si es preciso, tíralo por la ventana. No te cortes, que estás en tu derecho.

Lo dicho, tres nuevas canciones de esta guisa y la tasa mensual de asesinatos de mujeres acabará por triplicarse.

(¿No será este revanchismo resentido lo que ven venir con temor esos bárbaros islámicos..?).

Enrique Lynch es escritor.

AmecoPress. Información para la Igualdad.
El Ministerio de Igualdad prepara un plan para controlar el cumplimiento de sus leyes. Los sectores de hostelería, entidades financieras, comercio, industria, siderometalurgia y limpieza serán los objetivos prioritarios.

Tampoco el tamaño de la sociedad servirá para escaparse de la inspección: “Se centrará en empresas de tres tamaños: menos de 50 personas de plantilla, de 50 a 250 y de más de 250″… Esto es, prácticamente todas, según admite al titular de Igualdad, Bibiana Aído, en la última publicación de Valores, de KPMG.

Un amplio entramado que puede sufrir el castigo del Ejecutivo: la norma de género guarda multas de hasta 90.000 euros para las empresas que desobedezcan sus deberes paritarios.

“Estamos poniendo en marcha una segunda campaña dirigida a reducir la brecha salarial”, admite Aído. El objetivo es “la comprobación de la existencia de discriminación salarial, directa o indirecta”.

Esta campaña se vaticina dura, como muestra, por ejemplo, el bajo porcentaje de participación femenina en los consejos de las empresas del Ibex 35: tan sólo hay un 6,43% de mujeres en las grandes empresas cotizadas.

Una situación difícil de tolerar para una ministra que entiende que “la igualdad resulta imprescindible para salir de la crisis económica que estamos atravesando porque las políticas de igualdad sirven para afianzar el estado de bienestar social”.

Actividades segregadas tradicionalmente por sexo

A ello se suma que hay otras actividades en las que, por tradición histórica, es más difícil cumplir a rajatabla los criterios del Gobierno. Un caso especial es el de la limpieza.

El propio Ministerio de Igualdad, en el Plan Estratégico 2008-2011, que redactó en 2007, apuntaba que “a las mujeres se las encasilla en empleos que son una prolongación del ámbito privado y doméstico, de manera que los trabajos de cuidado, tanto informales como formales, son ejercidos mayoritariamente por ellas: una de cada siete mujeres empleadas está en tareas de limpieza y similares”.

Una situación difícil de invertir en sólo dos años. En este caso, se trata de dar más protagonismo a los hombres, pues la máxima de la Ley de Igualdad es que las sociedades logren una composición equilibrada de sus plantillas, de forma que los trabajadores de uno u otro sexo no superen el 60% del total ni se queden por debajo del 40%.

Un tercer bloque de compañías son aquellas más estacionarias. Es el caso de la hostelería, que en etapa estival suele acudir a un aluvión de contrataciones que complica el cumplimiento de los planes de igualdad. Muchas de ellas son compañías con más de 250 empleados, quienes, además, tienen obligación de negociar planes de igualdad. Aunque, en la realidad, pocas sociedades lo cumplen.

Una norma que se atraganta en las empresas: la Ley de Igualdad

El 24 de marzo de 2007, lo que supuso modificar el Estatuto de los Trabajadores para obligar a que en la negociación colectiva se tengan en cuenta medidas dirigidas a promover la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en el ámbito laboral. Asimismo, exige negociar planes de igualdad.

Esta Ley contiene medidas referentes al acceso al empleo, clasificación profesional, promoción y formación, retribuciones, ordenación del tiempo de trabajo y prevención del acoso. Además, en general, todas las dirigidas a favorecer en términos de igualdad, tal como dice la norma expresamente, la conciliación profesional y familiar.

A aplicar estas medidas están obligadas aquellas empresas que tienen más de 250 trabajadores en su plantilla; cuando así lo establezca el convenio colectivo de aplicación y cuando en un procedimiento sancionador, la autoridad laboral lo acuerde como sustitución de una sanción.

Además de las multas directas, la Ley prevé sanciones accesorias, como la pérdida de subvenciones para quien incumpla las obligaciones previstas en la ley de Igualdad.

Expansión 28.08.2009

La lectura que se desprende del informe anual sobre la Administración General que elabora anualmente Economía –el referido a 2008 mide por primera vez la presencia femenina– es rotunda.

El año pasado, el número de altos cargos se incrementó un 6%, hasta sumar los 369 efectivos, pero esta ampliación no se aprovechó para adecuar la composición de los cuadros de mando a la norma, que impone que la representación de cada género no supere el 60% ni sea inferior al 40% del total.

Economía, Fomento, Industria e Interior –los departamentos con menos mujeres en sus cúpulas directivas– fueron los que ganaron más incorporaciones, entre un 6% y un 20% respecto a 2007. Los sorprendente es que estos retoques no dieron un vuelco a su composición.

En el Departamento que ahora dirige Elena Salgado hay 27 altos cargos varones frente a 11 mujeres, mientras en el Ministerio que pilota José Blanco sólo tres de las veinte sillas las ocupan mujeres.

La balanza se inclina hacia el mismo lado en los ministerios de Miguel Sebastián y Alfredo Pérez Rubalcaba. Ambos cuentan con cinco directivas, frente a los catorce y doce varones restantes. La armonía también se disipa en otros nueve ministerios, aunque con más intensidad en Trabajo (nueve mujeres frente a 21 hombres), Medio Ambiente (los directivos varones triplican la presencia de mujeres) y Ciencia e Innovación (no hay ninguna mujer).

Las excepciones las ocupan Igualdad, Vivienda, Sanidad y Cultura. En términos rigurosos tampoco pasa el examen Justicia. En conjunto, la Administración General de Estado –esto es, ministerios más organismos autónomos– sigue masculinizada: los varones copan siete de cada diez cargos. Entre los entes públicos, se salvan la Agencia Española de Cooperación, la de Protección de Datos y la Comisión Nacional de la Energía.

En la cuerda floja están la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones y el ICEX, porque tienen, respectivamente, cuatro y veinte directivas “eventuales”. Además, en sus casos, se computa, junto a los altos cargos, el número de “técnicos y similares”, lo que distorsiona el resultado.

Dos años de deberes
La Ley de Igualdad, en vigor desde marzo de 2007, “consagra el principio de equilibrio entre hombres y mujeres en las listas electorales y en los nombramientos realizados por los poderes públicos”.

Para lograr la “igualdad real efectiva”, la norma permite adoptar “acciones positivas”, es decir, medidas que permitan corregir, con métodos intervencionistas, las situaciones donde la mujer tiene una presencia minoritaria, un aspecto que el sector privado ha venido denunciando repetidamente.

Principios básicos
-Las sociedades “deben procurar” que la representación de cada género en los consejos no exceda del 60% ni sea inferior al 40% del total.

-Los juristas interpretan esta fórmula de la Ley de Igualdad como una obligación, ya que la Autoridad pedirá explicaciones a quien tenga un Consejo de composición defectuoso.

-Los poderes públicos tienen el “mandato de remoción de situaciones de constable desigualdad fáctica”. Se les permite establecer “un derecho desigual en favor de las mujeres”.

-La obligación se extiende a la Administración del Estado, los organismos públicos vinculados no dependientes, los consejos donde participen y, en general, los cargos de responsabilidad.

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